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5 de marzo de 2014
1 de noviembre de 2010
Pilas CEGASA
17 de noviembre de 2009
16 de noviembre de 2009
23 de enero de 2009
18 de noviembre de 2008
¡El afiladooooooorrrrrrr!
Máquinas de escribir
11 de noviembre de 2008
Despertadores infantiles
9 de noviembre de 2008
Chancletas de piscina
Iconos no religiosos
Recuerdos de la Comunión
7 de noviembre de 2008
6 de noviembre de 2008
Chismajos de recorte
Si hay alguna actividad que puede definir la infancia esa es el recorte, compulsivo, e indiscriminado, todo es susceptible de recorte, las facturas, las revistas de tu padre, los patrones de tu madre, los cuadernos, y los libros, de tus hermanos, por supuesto hablo de oidas.
Las tijeras eran pequeñitas y con la punta redondeada para evitar apuñalamientos en el cole.


Las había también metálicas sin colorines y de punta cuadrada. Estoy por jurar que las tijeras verdes y rosas de la foto vinieron en en el juego la rueda de la moda.
Pero el mejor, el más divertido, y el más preciso método de recorte era el punzón, lo bonitas que quedaban las mesas de madera después de una esforzada sesión de punzoneo, marquetería fina.
Las tijeras eran pequeñitas y con la punta redondeada para evitar apuñalamientos en el cole.
Las había también metálicas sin colorines y de punta cuadrada. Estoy por jurar que las tijeras verdes y rosas de la foto vinieron en en el juego la rueda de la moda.
Pero el mejor, el más divertido, y el más preciso método de recorte era el punzón, lo bonitas que quedaban las mesas de madera después de una esforzada sesión de punzoneo, marquetería fina.
5 de noviembre de 2008
Cassettes
El clásico más clásico: las casettes de philips
Y ya que hablamos de las casettes hay que mencionar también a sus amigos: el boli bic, no el que escribía fino sino el que todavía sigue escribiendo normal, y el papel de celo.
Cuando el reproductor de casettes, generalmente el walkman, pellizcaba las cintas y recuperabas una casette con varios metros de tripas fuera, podías volver a enrollar todo el desaguisado con el boli bic en una de las ruedecillas dentadas de la casette . Y aún hay más, que diría Super Ratón. La resistencia de las casettes llegaba a extremos hoy impensables. Cuando unos centímetros de cinta se te habían arrugado por los muchos pellizcos y enganchones, y el reproductor se bloqueaba en aquel gurruño, cortabas por lo sano con las tijeras y empalmabas las partes sanas con papel de celo. Tras los sonidos misteriosos que producía el empalme ¡podías seguir escuchando la cinta!
¡Qué grandes las casettes!
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